jueves, 15 de enero de 2009

Wicked Moments

Veo el delantal, que parece de carnicero. Siento cómo el nudo aprieta mi cuello. Mis nervios no pueden más. ¿Qué será de mí?

Clac, clac, clac...

Observo cómo todo empieza. Cierro mis ojos. Parte de mí cae al piso para ser barrido.

Clac, clac, clac...

La tortura sigue.

Clac, clac, clac...

Mis nervios siguen crispándose. Mi mente viaja por lugares terribles. Un tirón, un jalón... más sufrimiento.

Clac, clac, clac...

Veo cómo otra parte de mí cae al suelo.

Clac, clac.

Parece que acabó. No me atrevo a ver el resultado.

Un ruido extraño. Es ahora una máquina. Siento su filo contra mi piel, raspando mis poros. Más trozos llegan al piso.

Clac, clac, clac...

¡Comienza de nuevo! Ahora se toma su tiempo y observa los detalles. Se siente artista.

Cuando termina conmigo se queda mirando.

-¿Qué te parece? - Me pregunta, obligándome a ver al espejo. No tengo palabras.

Termina su obra con una brocha. El polvo no me deja respirar.

Pasa sus dedos por su "arte", acomodándolo. Deja una sustancia extraña y pegajosa. Siento cómo se cuaja como costra al contacto.

Otro tirón, otro jalón. Duele.

Desata el nudo.

-¡Listo!

- Muchas gracias, señorita.

Salgo de la peluquería con un corte nuevo. No tengo palabras.

3 comentarios:

Poncho dijo...

En honor a La tumba y No se culpe a nadie

Morna dijo...

Chale...
Pues tendré que ver ese corte, pero para cuando eso pase... ya te habrá crecido el cabello.
JAJAJAJA

Besos... Sr. Vanidad.

Poncho dijo...

Jajaja... este es viejo (ya me viste el corte). Sólo que no lo había escrito.