viernes, 12 de diciembre de 2008

Human Behaviour

Lo triste de todo es que ya no me sorprende. Lo angustiante es que los demás ya lo vean normal. Lo alarmante es que nos justifiquemos. Pero lo verdaderamente trágico es que nadie nota que algo mal esté pasando.

Dieciséis hombres -seres humanos del sexo masculino-, sin contar al conductor del microbús. Dieciséis. Y fui el único idiota, tradicionalista y retrógrado que tuvo la cortesía de pararse y ceder el lugar a la muchacha. Y no porque fuera mujer, sino porque traía un bebé en brazos y a otro de la mano. ¿A quién se le ocurre que, además de cuidar a los dos vástagos, podía sostenerse de manera segura de alguno de los tubos en el transporte?

Nunca espero recibir las gracias: la gente extrañada siempre las dá. No tengo expectativas por ver una sonrisa: el ritmo de la ciudad ha asesinado la alegría incipiente de muchas de sus víctimas. Tampoco avivo mis esperanzas por recibir un gesto similar: me sorprende realmente cuando alguien lo hace.

Se trata simplemente de hacerle la vida un poquito más fácil a los demás. De revivir en mí la percepción de que el mundo no es Ponchocéntrico. La simple satisfacción de ver que alguien carga un poco menos del peso cotidiano -aunque sea por unos segundos- es más que suficiente.

Así, me inunda de alegría abrirle la puerta del taxi a una desconocida, extender mi mano para que alguien suba al camión, y ayudarle a hacerlo, pasar un rato de pie en el metro porque un anciano se siente, o dejar pasar a alguien antes que yo en el tráfico.

Son las cosas que "No tienen precio".

La nueva campaña de Chivas Regal tiene razón... los caballeros son pocos, y este código de vida se va convirtiendo poco a poco en una secta de rituales esotéricos que nadie entiende - ni quiere entender.

Sigo insisitendo, es triste que no veamos más allá de nuestra propia nariz.


2 comentarios:

Morna dijo...

¡Y yo opino que la verdadera caballería y cortesía debe regresar!

Los caballeros de armadura brillante... no.(Y tú sabes perfectamente cuál es mi sentir y el por qué, ejejejeje)

Le dejo un beso al caballero.

Morna dijo...

¡Vamoa mover el bote, quiero mover el bote... que bueno es mover el bote! ¡¡¡¡ BOTEEEEE !!!!

Jejejejeje