miércoles, 11 de enero de 2012

Encontrarse en un libro

Siempre me ha resultado curioso cómo muchos libros -en especial los buenos libros-, encuentran la forma de salir a relucir en conversaciones que, aparentemente, no tienen nada que ver. Mis amigos literatos quizás conozcan algún término para este fenómeno. Para mí, es parte de la cultura general.

Portada del libro
El chiste es que a principios de este año terminé de leer una obra excelente: The Wise Man's Fear, de Patrick Rothfuss. Es la segunda parte de una trilogía (The Kingkiller Chronicle), y hace poco más de dos años escribí sobre la primera parte. El libro salió a principios de 2011, pero pude poner mis manos en él hasta finales del año, y lo terminé apenas pasando Año Nuevo. 

Para no hacer el cuento largo (aunque mi versión del libro pasa de las 1000 páginas), la historia de Kvothe continúa: sigue sus estudios en la Universidad -y siguen los paralelismos al Roke de LeGuin- y, por varias razones, se ve forzado a hacer otro viaje para buscar más información sobre los Chandrian -los seres míticos que mataron a sus padres-, y visita cortes, escuelas de "artes marciales" y el plano faerico

Es realmente en este libro, donde la trilogía cobra vida. La tridimensionalidad de los personajes -y del mundo- se hace cada vez más evidente, la trama es un tanto más inesperada, y las expectativas crecen para la tercera entrega. Honestamente, me es difícil visualizar cómo le hará Rothfuss para concluir la historia satisfactoriamente en la tercera entrega (que se llamará, tentativamente, The Doors of Stone), porque hay muchos elementos de la trama.

No es secreto que la fantasía es uno de mis géneros favoritos, y es gratificante encontrar una obra con un mundo que se siente completo y complejo. El mundo donde vive Kvothe tiene vida propia, con sus leyendas, secretos y, por supuesto, reglas. La forma de hablar de los personajes traiciona sus orígenes, y los paisajes son claros y distintivos. Es, francamente, un agasajo encontrar una obra de este tipo.


Pero regresando al punto con el que iniciaba: me resultó curioso "encontrarme" en el libro.

Estaba yo platicando con una amiga sobre la costumbre mexicana de ofrecer lo mejor a los invitados. Esta costumbre es juzgada y criticada por muchos, pero a mí me causa orgullo. Quizás -como Octavio Paz afirma-, es una especie de servilismo producto de la Conquista española, o tal vez un vestigio de la estricta jerarquía de las civilizaciones precolombinas. O, con mayor probabilidad, una suma de ambas. Lo cierto es que es muy mexicano "quitarse el pan de la boca" con tal de que los invitados se sientan a gusto y, por lo menos a mí, me causa orgullo que me llamen "buen anfitrión". 

Hablando de "echarle agua a la sopa"...
Ésta es la crema de cilantro que preparé para la cena de Año Nuevo
En México decimos que "donde caben dos, caben cuatro", y que si llega más gente de la esperada, sólo hace falta "echarle agua a la sopa y sal a los frijoles", y se puede atender a todos. En muy pocas ocasiones le cerramos la puerta a un invitado, y somos famosos por la calidez (si bien también por la tasa de delincuencia). 

En The Wise Man's Fear, pasa algo similar. Kvothe narra una historia en la que un hombre pide refugio en varios campamentos en un cruce de caminos. Todos los grupos, de una manera u otra, le niegan la hospitalidad, con excepción de uno. Se trata de los Edema Ruh (que, por cierto, son la raza a la que pertenece Kvothe), que tienen muchos paralelismos con los gitanos medievales. Los Ruh no sólo le ofrecen al hombre comida y abrigo, sino lo invitan a beber de su mejor vino. El chiste es que el hombre rechaza el vino y pide sólo agua, a pesar de la insistencia de los Ruh; éste es el secreto para ser recibido por ellos como "familia". 

Y el punto es que esta parte del libro salió a colación durante mi plática con mi amiga. Y el cómo no sólo los mexicanos ofrecemos "nuestros mejores vinos" a los invitados, sino que les insistimos a pesar de las negativas. Cuando uno está de visita en casa de alguien muy mexicano, acaba comiendo -y bebiendo- más de lo que acostumbra, por mucho qu ese niegue. Los invitados llegan a ser "más importantes que la misma familia". 


Y lo cierto es que no es la primera vez que me pasa eso de "encontrarme" en un libro. A final de cuentas, de algún lugar saca el autor la inspiración para escribir, y ese lugar es la vida misma, y sus experiencias y las situaciones que le son familiares. En mi opinión, son los mejores libros los que son un reflejo, si bien extraño y "mágico", del mundo. O como diría el mismo Kvothe:

"All the truth of the world is held in the stories".


1 comentario:

le0pard13 dijo...

Great review and point about being gracious, Poncho. Keep 'em coming!